En la noche del 1 al 2 de agosto, la tradición mercedaria contempla un momento de gracia fundacional: la aparición de la Virgen María a san Pedro Nolasco.
En medio de un mundo marcado por la cautividad y el sufrimiento, María se hace presente como Madre de misericordia y libertad.
Su mensaje no es solo consuelo, sino envío: suscitar una obra redentora para la liberación de los cautivos.
Así nace el carisma mercedario, profundamente evangélico, encarnado en la entrega concreta por los más necesitados.
Pedro Nolasco acoge esta llamada con fe audaz, dispuesto a ofrecer su vida como signo de redención.
La noche se transforma en aurora de esperanza para tantos hombres y mujeres privados de libertad.
Este acontecimiento sigue iluminando hoy la misión de las Mercedarias Misioneras de Barcelona.
Nos invita a escuchar el clamor de los cautivos de nuestro tiempo y a responder con valentía y ternura.
María continúa guiando este camino, enseñándonos a ser presencia liberadora en medio del mundo.
En cada gesto de misericordia, el espíritu de aquella noche sigue vivo y actuante.
03/05/2026

El 9 de julio, la Orden de la Merced celebra la 
